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Por otra parte, Barcelona ha supuesto una quiebra, al menos temporal, de la entente franco-alemana. Francia no ha logrado el apoyo de Alemania para mantener el bloqueo a las reformas y se ha visto forzada, con todas las limitaciones que se quieran, a aceptar un enfoque ideológico del proyecto europeo diferente al defendido por la izquierda y la derecha del Hexágono durante las últimas décadas. Sin el horizonte electoral francés, la derrota política francesa hubiese sido mayor. De hecho, España, el Reino Unido e Italia se configuran como el núcleo duro de una Europa liberal a la que probablemente se sumarán otros países si, como parece, los socialistas pierden el poder en más Estados de la Unión.
La Europa post Barcelona tenderá también a ser más liberal por la propia evolución de los hechos. La ampliación de la UE hará insostenibles buena parte de muchas políticas, por ejemplo la PAC, hará muy difícil armonizar las legislaciones sociales o medioambientales de los Estados miembros etc. por una sencilla razón: los nuevos entrantes considerarán esas iniciativas como un freno a su desarrollo, a su proceso de convergencia real con los países más ricos de la UE. Al mismo tiempo, la ampliación limitará el riesgo de edificar un superestado europeo. La mayoría de los antiguos países del Telón de Acero acaban de recuperar su nación y no van a estar dispuestos a disolverla en una superestructura política controlada desde Bruselas o desde Estrasburgo.
A pesar de su modestia, la agenda aprobada en Barcelona contiene ingredientes muy importantes. La liberalización del mercado energético para 2004 aunque limitado en el caso de Francia a los grandes consumidores y el aumento de las interconexiones va a someter el mercado energético francés a una fuerte presión competitiva que antes o después forzará la privatización de EDF y Gaz de France. La revisión de los sistemas de protección al desempleo van a romper una de las causas principales del paro de larga duración existente en Europa y a incentivar la búsqueda de empleo por los parados. El alargamiento de la vida laboral es una buena noticia para los sistemas de pensiones. La creación del cielo único también lo es. La lista no se acaba pero no es necesario insistir. Sin duda son pasos modestos pero en la dirección correcta y así deben ser interpretados.
La creciente influencia de la Europa
periférica en la configuración del modelo socio-económico
del Viejo Continente es una excelente nueva. En estos momentos,
España, Reino Unido e Italia representan en los dos primeros
casos economías dinámicas y competitivas apoyadas
en políticas opuestas a las representadas hasta ahora por
el bloque franco-alemán. Si Europa quiere tener un futuro
brillante, crecer y crear empleo, tiene que optar entre el modelo
hispano-británico y romper o con el estatista que ha dominado
el Viejo Continente durante las tres últimas décadas
y es la causa de su declive.
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