Nº55
Del 24 de Abril al 7 de Mayo del 2002
 
 


 
 


Juan Antonio Sagardoy
Abogado.


"Trabajo o subsidio, no es demagogia"

 




1- ¿Cuáles son las líneas maestras de la reforma global del mercado de trabajo que propugna el gobierno?

Flexibilizar en pro de la competitividad. No creo que sea una reforma global, pues faltan los convenios colectivos y otros temas importantes. Por otra parte, creo que se persigue adecuar el mercado de trabajo a las nuevas realidades técnicas y sociales: la inmigración, entre otras, y la globalización de la economía, siempre.
  "Empleo y subsidio de desempleo tienen una relación evidente e importante."



2- ¿Cuántos pasos se han dado en esa dirección y cuál es la actitud de los agentes sociales, trabajadores y empresarios?

Pasos parciales, lo cual es de alabar. No creo que esté el mundo laboral necesitado de un cambio global y unitario en el tiempo. Los agentes sociales se mueven entre la racionalidad y la necesidad. Ven necesarios muchos cambios, pero les gusta el procedimiento convencional más que el legislativo.

3- ¿Qué papel juega en este esquema el conjunto de medidas para la reforma del seguro de desempleo que acaba de hacerse público?

Importante. Empleo y subsidios de desempleo tienen una relación evidente e importante. En la medida en que se destinen los medios económicos y las acciones administrativas a la consecución de políticas activas de creación de empleo, más que a subsidiar el desempleo, habremos avanzado mucho en la cruzada contra el paro y en la mejora del estado general de producción y de proyección hacia el futuro.

Pero, también es cierto que un Estado democrático y social no puede dejar a la intemperie al que no tiene trabajo ni medios suficientes de mantenimiento de una vida digna. La frase de "trabajo o subsidio" no es demagógica. Ello exige, no obstante, un control riguroso del fraude, tan extendido -aunque cada vez menos- en nuestro país.

La reforma va a chocar fuertemente con una cultura muy arraigada, sobre todo en la agricultura, de vivir del subsidio, y habrá que ser sensibles a la fuerte conflictividad social que previsiblemente se producirá. Hay que agotar las posibilidades de acuerdo o, al menos, pactar el desacuerdo en lo menos trascendente.

4- ¿Cree usted que llegará a generalizarse la implantación de la movilidad geográfica y funcional?

Soy bastante escéptico del éxito de las medidas de movilidad geográfica, al menos a corto y medio plazo. En España la cultura de arraigo en el pueblo, o la ciudad donde se vive, es fortísima. La mayoría de las veces se prefiere la pérdida del empleo, al traslado. Dicen que Franco comentó al primer Ministro que tuvo de Vivienda que quería una España de propietarios, no de proletarios. De ahí que comenzó una política unidireccional hacia la propiedad de la vivienda, que ha cobrado hondas raíces, y que nos hace un pueblo laboral de difícil movilidad. Pero, desde luego, es loable el intento de cambiar el marco actual.

Más optimista soy respecto a la movilidad funcional. Va entrando de modo progresivo la polivalencia y, desde luego, creo que la posibilidad de cambio de condiciones de trabajo con mayor flexibilidad no sería traumático y sí muy beneficioso para la competitividad de las empresas y el mantenimiento del empleo.

5- ¿Cómo quedará definitivamente configurado el INEM?

Yo creo que el INEM debe ir progresivamente hacia un crecimiento de su papel de regulación, ordenación y coordinación del mercado de trabajo y una disminución de sus tareas como gestor del desempleo.