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Juan Antonio Sagardoy
Abogado.
"Trabajo o subsidio,
no es demagogia"
1- ¿Cuáles son las líneas
maestras de la reforma global del mercado de trabajo que propugna
el gobierno?
Flexibilizar en pro de la competitividad. No creo que sea una
reforma global, pues faltan los convenios colectivos y otros temas
importantes. Por otra parte, creo que se persigue adecuar el mercado
de trabajo a las nuevas realidades técnicas y sociales: la
inmigración, entre otras, y la globalización de la
economía, siempre.
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"Empleo
y subsidio de desempleo tienen una relación evidente
e importante." |
2- ¿Cuántos pasos se han dado en esa dirección
y cuál es la actitud de los agentes sociales, trabajadores
y empresarios?
Pasos parciales, lo cual es de alabar. No creo que esté
el mundo laboral necesitado de un cambio global y unitario en el
tiempo. Los agentes sociales se mueven entre la racionalidad y la
necesidad. Ven necesarios muchos cambios, pero les gusta el procedimiento
convencional más que el legislativo.
3- ¿Qué papel juega en este esquema
el conjunto de medidas para la reforma del seguro de desempleo que
acaba de hacerse público?
Importante. Empleo y subsidios de desempleo tienen una relación
evidente e importante. En la medida en que se destinen los medios
económicos y las acciones administrativas a la consecución
de políticas activas de creación de empleo, más
que a subsidiar el desempleo, habremos avanzado mucho en la cruzada
contra el paro y en la mejora del estado general de producción
y de proyección hacia el futuro.
Pero, también es cierto que un Estado democrático
y social no puede dejar a la intemperie al que no tiene trabajo
ni medios suficientes de mantenimiento de una vida digna. La frase
de "trabajo o subsidio" no es demagógica. Ello
exige, no obstante, un control riguroso del fraude, tan extendido
-aunque cada vez menos- en nuestro país.
La reforma va a chocar fuertemente con una cultura muy arraigada,
sobre todo en la agricultura, de vivir del subsidio, y habrá
que ser sensibles a la fuerte conflictividad social que previsiblemente
se producirá. Hay que agotar las posibilidades de acuerdo
o, al menos, pactar el desacuerdo en lo menos trascendente.
4- ¿Cree usted que llegará a generalizarse
la implantación de la movilidad geográfica y funcional?
Soy bastante escéptico del éxito de las medidas
de movilidad geográfica, al menos a corto y medio plazo.
En España la cultura de arraigo en el pueblo, o la ciudad
donde se vive, es fortísima. La mayoría de las veces
se prefiere la pérdida del empleo, al traslado. Dicen que
Franco comentó al primer Ministro que tuvo de Vivienda que
quería una España de propietarios, no de proletarios.
De ahí que comenzó una política unidireccional
hacia la propiedad de la vivienda, que ha cobrado hondas raíces,
y que nos hace un pueblo laboral de difícil movilidad. Pero,
desde luego, es loable el intento de cambiar el marco actual.
Más optimista soy respecto a la movilidad funcional. Va
entrando de modo progresivo la polivalencia y, desde luego, creo
que la posibilidad de cambio de condiciones de trabajo con mayor
flexibilidad no sería traumático y sí muy beneficioso
para la competitividad de las empresas y el mantenimiento del empleo.
5- ¿Cómo quedará definitivamente
configurado el INEM?
Yo creo que el INEM debe ir progresivamente hacia un crecimiento
de su papel de regulación, ordenación y coordinación
del mercado de trabajo y una disminución de sus tareas como
gestor del desempleo.
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