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Rafael Termes, Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"Los derechos
proclamados y la realidad"
Una de las características
del Estado de Bienestar es la proclamación, en nombre
de la "justicia social" de una serie de pretendidos
derechos, que en algunos casos alcanza el rango de constitucionales
y que, en realidad, no son otro cosa que la satisfacción,
por parte del Gobierno, de reivindicación de determinados
grupos. Sin embargo, tal satisfacción no es gratuita
para el conjunto de ciudadanos y ni siquiera para los beneficiarios
de los "derechos sociales" que, a menudo, pagan
con el deterioro de las condiciones económicas generales,
lo que tan generosamente, en apariencia, se les ha otorgado.
En otras ocasiones, me he referido a lo que ha acontecido
en Europa, a este respecto, durante los últimos tiempos,
tanto bajo gobiernos socialistas, como bajo gobiernos conservadores,
que pueden llamarse así porque "conservan"
lo que establecieron los socialistas.
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pesar de tantos "derechos" garantizados de salud,
riqueza y felicidad, son innumerables los brasileños
que permanecen en la miseria." |
Pero hoy prefiero bucear en aguas
lejanas. La principal característica de la breve Constitución
de EE.UU. es que, en busca de la limitación del poder
del gobierno, está llena de "derechos negativos";
es decir, trata de lo que el gobierno no puede hacer. Esta
concepción contrasta con las constituciones de los
países iberoamericanos, pero no sólo ellos,
que otorgan al gobierno amplias facultades -cuando no el mandato-
para satisfacer los pretendidos "derechos sociales"
de los ciudadanos. Brasil es un ejemplo, entre otros, de un
gobierno fuera de control por orden de la Constitución.
En ella se expresa que entre los "objetivos fundamentales"
del gobierno se encuentran "garantizar el desarrollo
nacional", "erradicar la pobreza y la mala calidad
de vida, reducir las desigualdades sociales y regionales"
y "promover el bienestar de todos". Los ciudadanos
de Brasil, según los términos de su constitución,
tienen derecho a "la educación, la salud, el trabajo,
el descanso, la seguridad social, la protección de
la maternidad y de la niñez, y la asistencia al indigente".
Los brasileños tienen el derecho constitucional a la
no reducción de los salarios, a "un pago por las
horas extras que debe ser por lo menos un 50% superior al
de las horas normales de trabajo", a una "vacación
anual con una remuneración de por lo menos un tercio
más que el salario normal" y finalmente a un aguinaldo
anual. Para colmo de felicidad, "el gobierno fomentará
la recreación, como forma de promoción social".
Pero el coser no es como el cantar.
La pura realidad es que, a pesar de tantos "derechos"
garantizados de salud, riqueza y felicidad, son innumerables
los brasileños que permanecen en la miseria. Pero,
ante tal fracaso, las amplias facultades constitucionales
del gobierno le permiten volverse más intervensionista.
Como no puede generar riqueza, se apropia de la de los que
la poseen, obstaculizando con ello el proceso creativo, para,
supuestamente, cumplir con su obligación. Resultado:
la perpetuación de la pobreza del pueblo brasileño.
"Qui potest cápere, cápiat "
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