Nº54
Del 17 al 23 de Abril del 2002
 
 


 
 

Rafael Termes, Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Los derechos proclamados y la realidad"

 
 





Una de las características del Estado de Bienestar es la proclamación, en nombre de la "justicia social" de una serie de pretendidos derechos, que en algunos casos alcanza el rango de constitucionales y que, en realidad, no son otro cosa que la satisfacción, por parte del Gobierno, de reivindicación de determinados grupos. Sin embargo, tal satisfacción no es gratuita para el conjunto de ciudadanos y ni siquiera para los beneficiarios de los "derechos sociales" que, a menudo, pagan con el deterioro de las condiciones económicas generales, lo que tan generosamente, en apariencia, se les ha otorgado. En otras ocasiones, me he referido a lo que ha acontecido en Europa, a este respecto, durante los últimos tiempos, tanto bajo gobiernos socialistas, como bajo gobiernos conservadores, que pueden llamarse así porque "conservan" lo que establecieron los socialistas.
  "..a pesar de tantos "derechos" garantizados de salud, riqueza y felicidad, son innumerables los brasileños que permanecen en la miseria."

Pero hoy prefiero bucear en aguas lejanas. La principal característica de la breve Constitución de EE.UU. es que, en busca de la limitación del poder del gobierno, está llena de "derechos negativos"; es decir, trata de lo que el gobierno no puede hacer. Esta concepción contrasta con las constituciones de los países iberoamericanos, pero no sólo ellos, que otorgan al gobierno amplias facultades -cuando no el mandato- para satisfacer los pretendidos "derechos sociales" de los ciudadanos. Brasil es un ejemplo, entre otros, de un gobierno fuera de control por orden de la Constitución. En ella se expresa que entre los "objetivos fundamentales" del gobierno se encuentran "garantizar el desarrollo nacional", "erradicar la pobreza y la mala calidad de vida, reducir las desigualdades sociales y regionales" y "promover el bienestar de todos". Los ciudadanos de Brasil, según los términos de su constitución, tienen derecho a "la educación, la salud, el trabajo, el descanso, la seguridad social, la protección de la maternidad y de la niñez, y la asistencia al indigente". Los brasileños tienen el derecho constitucional a la no reducción de los salarios, a "un pago por las horas extras que debe ser por lo menos un 50% superior al de las horas normales de trabajo", a una "vacación anual con una remuneración de por lo menos un tercio más que el salario normal" y finalmente a un aguinaldo anual. Para colmo de felicidad, "el gobierno fomentará la recreación, como forma de promoción social".

Pero el coser no es como el cantar. La pura realidad es que, a pesar de tantos "derechos" garantizados de salud, riqueza y felicidad, son innumerables los brasileños que permanecen en la miseria. Pero, ante tal fracaso, las amplias facultades constitucionales del gobierno le permiten volverse más intervensionista. Como no puede generar riqueza, se apropia de la de los que la poseen, obstaculizando con ello el proceso creativo, para, supuestamente, cumplir con su obligación. Resultado: la perpetuación de la pobreza del pueblo brasileño. "Qui potest cápere, cápiat "

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