|
Rafael Termes, Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"El precio de
la vivienda y los Ayuntamientos"
Las dificultades para adquirir
una vivienda, y también para alquilarla, han vuelto
a ser tema de primera magnitud. A pesar de que los tipos de
interés aplicables
a las hipotecas se hallan a su nivel más bajo, el porcentaje
de la renta familiar destinado a financiar la vivienda ha
subido desde el 32% en 1998 hasta cerca del 48% en la actualidad.
Este porcentaje, medio del país, se transforma en el
62% en Madrid y el País Vasco, para llegar al 69% en
Baleares. La razón es que el precio medio de la vivienda,
en los últimos cuatro años, ha subido un 50%.
| |
"..el
porcentaje de la renta familiar destinado a financiar
la vivienda ha subido desde el 32% en 1998 hasta cerca
del 48% en la actualidad." |
Ante esta situación, la
tendencia general es a pedir la intervención del Gobierno
para estimular la construcción de viviendas de protección
oficial (VPO) y facilitar su adquisición, así
como solicitar subvenciones para constructores y determinados
grupos de compradores. Nada de esto solucionará el
problema. La verdadera causa del encarecimiento de la vivienda
no está en el coste de construcción, que se
fija por las leyes del mercado, sino en el encarecimiento
del suelo, que, sometido a apropiación pública,
ha llegado a representar entre el 45% y el 50% del precio
total de la vivienda. Este hecho, absurdo en un país
con abundancia de suelo, es el que debe ser abordado. Y, al
parecer, nadie quiere hacerlo y menos los políticos
que son los que han creado la maraña legislativa que
está en la base del encarecimiento del suelo.
El responsable del ramo en la Comunidad
de Madrid, recientemente, ha dicho que "su consejo a
los promotores es que paguen por el suelo el precio que vale".
Y esto ¿cómo se hace? Cuando el propietario
de un terreno quiere construir en él, lo primero que
tiene que hacer es lograr que el Ayuntamiento se lo declare
suelo urbanizable y luego urbanizarlo, expediente que puede
durar entre tres y cinco años. Si se tiene presente
que tiempo es dinero, ya tenemos aquí un primer elemento
de encarecimiento. Después, para obtener la licencia
de construcción, la propiedad del 10%, el 20%, o lo
que el concejal negociador diga, el promotor debe cederla
al Ayuntamiento, el cual se la revenderá al precio
que estime conveniente, al amparo de las disposiciones sobre
financiación de corporaciones locales.
Evidentemente, nos hallamos ante un segundo elemento de encarecimiento
del suelo, nada despreciable desde luego. Pero hay más.
Para acelerar los trámites de obtención de la
licencia que pueden durar entre seis meses o un año,
no es raro -basta preguntar a cualquier promotor- que el interesado
tenga que construir gratuitamente, y supuestamente por propia
iniciativa, unas escuelas municipales, un estadio deportivo
o cualquier otra mejora que al Ayuntamiento se le ocurra.
Este modelo, mantenido en términos
legales, sin duda sirve para financiar a los Ayuntamientos,
pero a expensas de un encarecimiento exorbitante del suelo
y, por ende, de la vivienda, en perjuicio de los jóvenes
que no pueden adquirir -ni tampoco alquilar- un piso, a pesar
de que el 30 o el 40% de las viviendas españolas están
desocupadas. Pero, además, a nadie se le oculta que
el modelo está abierto a la corrupción, como
lo prueban los innumerables casos de extorsión dineraria
o en especie, fácilmente detectables, a que se ven
sometidos los promotores inmobiliarios.
Una vez más, la solución
del problema de la vivienda no está en nuevas disposiciones
administrativas, sino en suprimir la intervención -que
rima con corrupción- de los Ayuntamientos sobre el
suelo.
.
|